Lucha por la supervivencia olímpica

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La salida de la lucha del programa oficial de competencias de los Juegos Olímpicos molestó a muchos en el mundo. Las reacciones fueron diversas, desde un campeón que amenazó con devolver su medalla de oro, hasta la destitución del presidente de la Federación internacional de ese deporte. Pocos apoyaron la decisión del Comité olímpico internacional (COI); aunque, probablemente, ningún otro país esté más preocupado que Cuba.

Para comprender mejor el dilema al que se enfrenta el deporte cubano es imprescindible explicar qué estuvo detrás de la exclusión de la lucha. El Comité ejecutivo del COI, compuesto por solo 15 miembros, ha seguido una controversial política de “movimiento” en las especialidades que asisten a las citas estivales. Aquellos que no cumplan con determinados “estándares” corren el riesgo de quedar fuera. Le sucedió al béisbol y al sóftbol y ahora ese amargo momento lo vive la lucha.

Los “estándares” de evaluación de un deporte parecen concentrarse alrededor de elementos económicos y de “buen gobierno”—según el COI— y obvian la historia. La lucha ha estado presente en casi todas las ediciones de las Olimpiadas modernas (solo faltó a París 1900) e, indudablemente, es un deporte popular y que logra atraer a sus principales figuras a los Juegos; pero esto, ya sabemos, no resulta suficiente.

No era un secreto que el Comité ejecutivo eliminaría a un deporte; pero, tal vez, ni siquiera los directivos de la lucha previeron la debacle. Al parecer ellos no lograron establecer las alianzas necesarias para asegurar el apoyo de los 15 “privilegiados”. Uno de los deportes que también estuvo en peligro de abandonar el programa fue el pentatlón moderno. El total de practicantes de esta modalidad es muy inferior al de la lucha; pero tiene una gran ventaja: el vicepresidente de esa Federación, el español Juan Antonio Samaranch Júnior, es miembro del Comité ejecutivo.

El hijo del hombre que durante más tiempo ha dirigido al COI calificó de forma positiva a la exclusión de la lucha. “Lo siento mucho porque es un deporte que respeto”, dijo y, de seguro, suspiró aliviado, al mantener con vida olímpica a la modalidad que representa.

¿Qué sucederá ahora? A finales de mayo, en San Petersburgo, ese mismo Comité ejecutivo evaluará las propuestas de las ocho modalidades que optan por la plaza que ha quedado vacante para la Olimpiada de 2020. El kárate, squash, patinaje sobre ruedas, escalada, wakeboard, wushu, el béisbol/softbol y la lucha tratarán, por todos los medios posibles, de convencer a los 15 votantes sobre las ventajas que traería, para el movimiento olímpico, su inclusión en los Juegos.

Luego, en septiembre, en una reunión que acogerá Argentina, los 115 miembros del COI votarán sobre la lista recomendada de 25 deportes para 2020 (sin la lucha). Si no se aceptara esta propuesta, entonces el programa sería el mismo que el de Londres 2012, por lo que la lucha se reincorporaría de manera automática; pero es previsible que se acepte la lista, por lo que habría una segunda votación—casi una formalidad—en la que, finalmente, se elegiría a la modalidad “recomendada” por el Comité ejecutivo, en San Petersburgo.

Para Cuba la situación es muy complicada. La Asociación nacional de lucha fue una de las primeras en protestar ante el COI. El presidente de la organización, Eduardo Pérez Téllez, consideró que la medida era inesperada y lamentable. “Estamos en contra. Es algo increíble que afecta a un deporte milenario, entre los fundadores de los Juegos Olímpicos”, afirmó.

Las posiciones cubanas sobre este tema son entendibles, ya que ese deporte es uno de los que más medallas ha aportado a las delegaciones nacionales. El total de preseas asciende a 19 (7-5-7) y, por ejemplo, en la Olimpiada de Londres, Mijaín López obtuvo su segundo título consecutivo en la lucha grecorromana, mientras Liván López alcanzó el bronce, en la libre, con un espectacular triunfo por pegada en los segundos finales del combate.

El gran dilema para el deporte cubano radica en que, junto a la lucha, también competirá por retornar al programa oficial el sóftbol/béisbol. Estas dos modalidades defienden una candidatura conjunta, después de fracasar en intentos anteriores, en los que se presentaron por separado.

De los ocho “competidores”, solo uno estará en la Olimpiada de 2020. Por tanto, el escenario no es alentador: o regresa el béisbol—el deporte nacional y que ha ganado cinco preseas, tres de ellas doradas— o retorna la lucha o…quedan fuera los dos.

Los métodos de selección del COI cada vez despiertan más rechazo. ¿Qué es lo que influye en la incorporación o salida de un deporte de los Juegos Olímpicos? No es la popularidad, tampoco su credibilidad—la permanencia incuestionable del ciclismo ratifica esto—, sino un sucio rejuego de intereses económicos que se mueven detrás de cada decisión. Comprender ese rejuego no parece tan complicado; pero superarlo luce, lamentablemente, como una batalla contra molinos de viento.

Publicado en CubaSí

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About micolumnadeportiva

Soy periodista y profesor de Periodismo Hipermedia en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana