III Clásico Mundial: el invicto del “equipo plátano”

Para el III Clásico Mundial de 2013, la selección cubana fue ubicada en el grupo A, junto a Japón, que era el equipo local, China y Brasil. Este, sin dudas, fue el grupo menos complicado de todos y los cubanos, dirigidos por Víctor Mesa, ganaron sus tres desafíos.

El debut de Cuba fue ante Brasil. Muchos pensaron que este juego sería un paseo; sin embargo, la realidad del terreno fue diferente. Después de cuatro innings el partido seguía 0 a 0; pero, en la parte alta del quinto, los cubanos marcaron dos veces y remataron un inning más tarde, cuando añadieron tres anotaciones.

Desde el montículo, Ismel Jiménez diseminó cuatro imparables en 4,2 entradas de actuación y el tercer relevista, Raciel Iglesias, dominó por completo a los sudamericanos en los tres capítulos finales, para así preservar la ventaja de 5 por 2. Al igual que en los dos Clásicos anteriores, Cuba debutó con victoria.

El siguiente rival fue China, quizás el equipo más débil de todo el Clásico. Esta vez hubo menos sustos y con una ofensiva de 15 imparables, que incluyó cuadrangulares de José Dariel Abreu y Alexei Bell, Cuba noqueó a los asiáticos 12 por 0 y garantizó así su presencia en la segunda fase. En el cierre de esta etapa chocaron cubanos y japoneses. Recordemos que los nipones llevaban tres victorias consecutivas sobre los caribeños en Clásicos mundiales; pero la racha terminó en el Tokio Dome.

Los dos equipos sabían que había poco en juego, pero, de cualquier forma, el espectáculo fue interesante. Los bateadores cubanos fueron marcando a cuentagotas hasta tomar ventaja de 3 por 0 y, en el cierre del octavo, añadieron tres anotaciones más para colocar un 6 a 0 muy alentador. Los jonrones de Alfredo Despaigne y Yasmani Tomás acallaron a la siempre jovial afición nipona; sin embargo, a la hora de recoger los bates y tras ser neutralizados por Wilber Pérez, Yander Guevara y Norberto González, los japoneses reaccionaron. A la pizarra del Tokio Dome llegaron tres anotaciones y las bases quedaron llenas. Finalmente, Vladimir García ponchó a Aikawa y, de esta forma, por segunda ocasión consecutiva, los cubanos culminaron invictos la primera fase de un Clásico Mundial.

En la segunda ronda, también jugada en el Tokio Dome, la selección nacional tuvo como rivales a Holanda, Taipéi de China y Japón. A la semifinal solo avanzaban los dos primeros lugares y no pocos pensaban que los cubanos tenían opciones muy reales de incluirse entre los cuatro grandes.

El inicio fue terrible. Los cubanos cayeron ante Holanda, 6 por 2. Nuevamente el zurdo Diegomar Markwell dominó a los bateadores caribeños, que marcaron sus dos anotaciones por cuadrangulares de Despaigne y Yulieski Gurriel. El espirituano Ismel Jiménez sufrió el revés y la defensiva cubana cometió dos muy costosos errores.

Este fracaso colocó a la selección nacional al borde de la eliminación. Los cubanos necesitaban superar a Taipéi de China para mantenerse en el torneo y, con mucha presión encima de ellos, respondieron de la mejor forma, con un despliegue ofensivo de 4 cuadrangulares: de Despaigne, Cepeda, Tomás y Abreu. El KO de 14 por 0 colocó a Cuba en un partido de vida o muerte, ante Holanda.

El juego contra Holanda probablemente sea uno de los más recordados en la historia del béisbol cubano en eventos internacionales.

Los cubanos comenzaron debajo, 2 por 0, pero igualaron en el cuarto inning. Volvieron a caer en desventaja, 4 por 2, y nuevamente empataron a 4. En la parte alta del octavo capítulo, un imparable de Yasmani Tomás puso delante a Cuba, 6 por 4. La victoria parecía estar muy cerca, pero…En el cierre del octavo, el director Víctor Mesa mantuvo en la lomita al zurdo Norberto González, quien había hecho buen trabajo hasta ese momento. Entonces, con dos outs, el torpedero Andrelton Simmons, “cazó” un lanzamiento bajo del relevista cubano y sacó la pelota por el jardín izquierdo, para igualar espectacularmente el desafío, 6 a 6.

En el final del noveno inning, los relevistas cubanos no pudieron contener a los holandeses y, un fly de sacrificio, ante Diosdani Castillo, trajo la carrera que dejó en el campo a la selección nacional. Fue un durísimo revés de un equipo que tenía talento para avanzar más en el Clásico.

El gran protagonista del III Clásico Mundial fue República Dominicana. Este país es, por detrás de Estados Unidos, el que más peloteros tiene en las nóminas de las franquicias de Grandes Ligas, pero en las dos primeras ediciones del evento no pudo incluirse en la final. En 2013, con el liderazgo ofensivo de Robinson Canó, y la conducción del director Tony Peña, los dominicanos fueron imbatibles.

En la primera etapa, en San Juan, los dominicanos aplastaron a Venezuela 9 por 3, no sudaron mucho para superar a España, 6 a 3 y cerraron con victoria sobre Puerto Rico, 4 por 2, que les garantizó el liderato en el grupo.

Luego, en la segunda fase, los dominicanos enfrentaron, en el primer juego, a la sensación del Clásico, Italia, un equipo que fue capaz de eliminar a Canadá y México, dos países con mucha más tradición en el béisbol. Les cuento que los italianos tomaron ventaja de 4 por 0 en el primer inning; pero los caribeños fueron descontando y, en el cierre del séptimo, marcaron 3 y así ganaron 5 por 4.

Después, en uno de los encuentros más esperados del Clásico, los dominicanos marcaron dos carreras en el noveno inning, ante el cerrador estadounidense Craig Kimbrel y con el triunfo 3 por 1 aseguraron un boleto a la semifinal. En el choque final de esta fase, República Dominicana superó 2 por 0 a Puerto Rico.

De esta forma, el III Clásico tuvo entre sus semifinalistas al dos veces campeón, Japón, a la sorpresa europea, Holanda y a dos países latinoamericanos, República Dominicana y Puerto Rico.

En la primera semifinal, celebrada en el estadio AT&T Park, de San Francisco, el cuerpo de lanzadores de Puerto Rico sorprendió a todos y dejó a los japoneses en solo una carrera; mientras, un jonrón de Alex Ríos selló la victoria boricua. Por primera vez, los japoneses quedaban fuera de la final. En el otro desafío, los dominicanos comenzaron debajo 1 por 0 ante Holanda; pero en el cierre del quinto inning marcaron cuatro anotaciones que fueron suficientes para el formidable staff de relevistas, con especial destaque para el cerrador Fernando Rodney, quien celebró cada juego salvado con un plátano en la mano. Este gesto, sin dudas, fue uno de los más recordados de aquel Clásico.

La final se celebró el 19 de marzo, en San Francisco y encontró decisión en el mismo primer inning, cuando un doble de Edwin Encarnación, ante el abridor Giancarlo Alvarado, impulsó dos anotaciones. Poco pudieron hacer los boricuas ante los envíos del ganador, Samuel Deduno, y los cuatro formidables relevistas, Octavio Dotel, Pedro Strop, Santiago Casilla y Fernando Rodney. La victoria por 3 a 0 convirtió a los dominicanos en los campeones del mundo, ya que este había sido otro de los acuerdos entre la entonces Federación internacional de béisbol y Grandes Ligas.

Los dominicanos ganaron los ocho partidos que celebraron y, de ellos, Fernando Rodney salvó siete; aunque el Jugador Más Valioso del certamen fue el segunda base Robinson Canó, quien promedió para 469, con 15 imparables, en 32 turnos al bate y dos cuadrangulares. Por primera vez en tres ediciones el título del Clásico quedaba en el continente donde más béisbol se practica en el mundo.