Piratas del Caribe: el hundimiento del Catamarán

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El barco pirata de La Isla, ese que hizo soñar a muchos en Cuba con otra “misión imposible”, finalmente hundió su ancla y no pudo ganar el título de la 54 Serie Nacional de béisbol. Perdió el séptimo y último desafío ante los Tigres de Ciego de Ávila y así terminó una travesía en la que absolutamente nadie creyó que podría sobrevivir, mucho antes de que se lanzara, casi seis meses atrás, la primera bola de la temporada.

La Isla despertó simpatías en todo el país, incluso en los que, como yo, ya no prestamos tanta atención al béisbol nacional. Razones de sobra tenemos para eso, pero no es el tema de este post.

Los pineros afrontaron la última serie de la temporada regular ante los “todopoderosos” Industriales en el “templo sagrado”, o sea, el Gran Estadio del Cerro. Allí, para sorpresas de millones, los Piratas barrieron a los Leones y forzaron el despedido (o la renuncia, da igual) de Lázaro Vargas. Todavía en ese momento no sabíamos cómo terminaría la “novela de misterio” con Yuliesky Gourriel como protagonista, pero la lesión del número 01 no presagiaba nada bueno. Al final, ya sabemos (oh, really?) de qué mala forma terminó aquello, pero ese tampoco es el tema de este post.

En el playoff contra los Cocodrilos matanceros tampoco nadie creyó en los Piratas que cayeron estrepitosamente en el primer desafío por KO. El “profe” Víctor Mesa ya se veía en otra final nacional; pero…la historia la conocemos: en tres desafíos los relevistas de Matanzas no pudieron aguantar la ventaja de una carrera en el noveno inning y los Piratas, con apenas un cuadrangular en la serie, disparado en extrainnings del sexto desafío, mandaron a descansar a los siempre presionados matanceros.

La final fue emocionante (que no significa necesariamente de alta calidad) y, tras una semana intensa, los Tigres ganaron el séptimo desafío y conquistaron su segundo título nacional. Lástima, porque creo que hubiera sido más interesante que los Piratas completaran la hazaña e hicieran, una última vez, el círculo de la victoria, como peculiar celebración que fue su “marca registrada”; pero, de cualquier forma, ese equipo, con el segundo lugar, hizo historia en el béisbol cubano.