El culebrón Gourriel


Parecía que la novela “El Destino de los Gourriel” tendría varios capítulos más, pues ante el silencio oficial, los “guionistas”—es decir, los especuladores—ya habían urdido varias tramas que extendían el culebrón al infinito y más allá. Pero, finalmente, ya tenemos la respuesta que muchos habían imaginado: los tres hermanos Gourriel se incorporarán a la preselección de Industriales y tratarán de ganarse un puesto con los Azules para la 53 edición de la Serie Nacional.

El movimiento de un pelotero de una provincia a otra, ahora sabemos, pasa por un enrevesado recorrido burocrático (¡qué extraño! ¿Eh?), amparado en el “Reglamento del Decreto No. 140 sobre el régimen de participación deportiva, aplicable para todo el sistema competitivo cubano desde 1988”.

De acuerdo con el artículo 46, “los atletas de los Centros Nacionales (…), mientras se mantengan activos en estos centros, participarán por el territorio que los promovió”. Es decir, ni siquiera después de mudarse para La Habana, los Gourriel podían manejar su destino; pero, afortunadamente, la dirección provincial del INDER en Sancti Spíritus decidió “liberar” a Yuliesky Gourriel, sin dudas, el pelotero más mediático de Cuba.

La situación de los otros dos hermanos parecía un poco más complicada, porque, según el artículo 49, “los atletas de primera categoría que hayan participado en la competencia de mayores representando a un territorio, al cambiar de domicilio para otro territorio tendrán que esperar un año para participar por el nuevo territorio. Ese año podrán pasarlo sin participar o en su defecto participando por su antiguo territorio”. En otras palabras: Yuniesky y Lourdes Jr. hubieran tenido que estar un año sin jugar béisbol; pero dicho artículo tiene una segunda parte: “si el territorio por donde debe participar el atleta durante ese año autoriza mediante escrito del Subdirector Provincial de Actividades Deportivas, se podrá obviar ese período de espera”. Este subterfugio fue el que aplicaron las autoridades deportivas espirituanas para que Yuniesky y el Júnior también pudieran incorporarse a Industriales.

La confirmación de la noticia la ofreció Yuniesky al periódico Escambray: “ya habíamos conversado con Lázaro Vargas, el director del equipo de Industriales, y con el Comisionado Provincial, solo estábamos esperando por las cartas de autorización (…) Nos sentimos contentos de que finalmente se hayan entendido nuestras razones, nos mudamos para acá por problemas de salud de mi padre como ya hemos dicho”. Luego, Yuniesky aclaró que no había tenido ningún problema con la provincia, ni con los Gallos, ni con su director, Yovani Aragón.

“Siempre jugamos por nuestra provincia y, en el caso de Aragón, mantenemos excelentes relaciones con él y apreciamos el trabajo que hizo el pasado año con los Gallos, aun cuando no pudimos obtener el título, esa es precisamente una de las deudas con que dejamos Sancti Spíritus (…) Será muy difícil enfrentarnos a los Gallos como rivales, pero la afición puede dar por seguro que aunque llevemos el traje azul no dejaremos de ser espirituanos”, concluyó el mayor de los hermanos Gourriel.

El culebrón Gourriel, más allá del morbo y la atención extra que, probablemente, reciba Industriales en la próxima campaña, podría marcar un cambio en la relación que establecen los peloteros con sus provincias. La aprobación del movimiento de un jugador tardaba mucho y, en no pocas ocasiones, se negaba; pero, como, dicen, vivimos tiempos nuevos, entonces tenemos una situación interesante y, quizás, polémica: por ejemplo, si Villa Clara decidiera entregarle una casa a Edilse Silva, para que el fornido bateador viviera y jugara con los actuales campeones de la Serie Nacional, su provincia natal, Santiago de Cuba, ¿aceptaría el movimiento? Imagino que no pocos invoquen al “robo de talentos”, al Reglamento del Decreto 140 y a cualquier otro documento legal; sin embargo, ¿por qué negarle a un atleta la posibilidad de competir con un mejor equipo? Cuando finalmente entendamos esto “hacia lo interno”, entonces podremos avanzar en la aplicación de políticas más inteligentes en la relación del deporte cubano con el “mundo exterior”.