Los récords más espectaculares del béisbol cubano

Omar Linares quedó muy cerca de conectar 5 jonrones en un partido

Omar Linares quedó muy cerca de conectar 5 jonrones en un partido

El béisbol necesita de los récords por, al menos, dos fuertes razones: impulsan la rivalidad entre los atletas y atraen una mayor cantidad de fanáticos a los estadios. Seleccionar cuáles han sido las marcas ofensivas más interesantes impuestas en las Series Nacionales, surgidas en 1962, sin dudas es una tarea muy complicada; no obstante, un vistazo a la Guía Oficial, publicación anual donde se recogen las principales estadísticas de la pelota, permite apreciar que hay algunos jugadores y equipos que lograron verdaderas hazañas con el bate en la mano y, por tanto, no deberían quedar fuera de esa posible selección de los récords más espectaculares.

Tal vez en la centenaria historia del principal pasatiempo cubano no se recuerda un fin de semana tan ofensivo como el protagonizado por  Villa Clara y Las Tunas, en enero de 1995. La diferencia de calidad entre ambos, en aquella 34 edición de la Serie Nacional, era inmensa, y ese desnivel quedó reflejado en los dos marcadores del doble juego del 14 de enero en el estadio tunero Julio Antonio Mella. Los villaclareños dominaron los primeros años de la década del noventa, con tres títulos nacionales consecutivos, guiados por el director Pedro Jova; pero nunca en sus tres coronas batearon tanto como aquel sábado frente al débil cuerpo de lanzadores tunero.
El primer desafío comenzó a las 10 de la mañana y fue una enorme fiesta de batazos: la ofensiva de los villaclareños produjo 38 anotaciones, en siete capítulos, con 37 imparables, de ellos, 15 dobles; mientras, los tuneros también le conectaron a los pitchers del centro del país, pues anotaron 15 carreras con 24 indiscutibles.

Todas estas cifras villaclareñas constituyen marcas nacionales y es probable que haya que esperar un largo tiempo para ver a otra selección acercarse a las 38 anotaciones. Incluso, ningún equipo ha llegado a las 30, por lo que el Villa Clara de Pedro Jova promete estar varias décadas más en la sección de récords de la Guía Oficial.

En aquel histórico desafío varios peloteros colocaron su nombre en el libro de marcas. Por ejemplo, Amado Zamora y Eddy Rojas igualaron el récord de 6 carreras anotadas; Rojas también conectó seis hits; mientras Jorge Luis Toca se apuntó cuatro dobles.

Media hora después de concluido el primer festival de batazos, inició el segundo desafío y, una vez más, no hubo descanso para los lanzadores. Villa Clara ganó también por fuera de combate, nada menos que 26 a 12. En total, en esa inolvidable jornada se marcaron 91 carreras. ¿Qué factores influyeron en el desproporcionado bateo? Muchos argumentaron que el tipo de pelota empleado no fue el mismo; otros prefirieron centrarse en la velocidad del viento que soplaba con mucha fuerza en el estadio tunero. Nunca hubo una explicación oficial.

En el béisbol nada llama más la atención que los jonrones y en las Series el máximo líder es Orestes Kindelan, con 487. Si el llamado Tambor Mayor de los santiagueros hubiera jugado al menos una temporada más—se retiró en 2002—, probablemente su cifra sobrepasaría los 500. Aunque Kindelán disparó más cuadrangulares que ningún otro pelotero, no pudo igualar una marca que comparten tres jugadores: cuatro jonrones en un mismo partido.

El primer hombre en lograr esta difícil hazaña fue el camagüeyano Leonel Moa, en 1989; luego pasarían seis años hasta que el matancero Alberto Díaz, en 1995, igualó la cifra y, dos años más tarde, el pinareño Omar Linares, en su mejor forma deportiva, la emprendió contra el pitcheo villaclareño en la II Copa Revolución. Linares botó la pelota en sus primeras cuatro comparencias al bate. En la quinta oportunidad le lanzaron tres bolas consecutivas y el público presente en el estadio Capitán San Luis, de Pinar del Río, abucheó al lanzador Jorge Martínez. Las críticas surtieron efecto porque Martínez tiró una recta al medio y Linares le hizo swing. La bola tomó altura. Parecía el quinto jonrón; pero el jardinero central Oscar Machado, lamentablemente, capturó la pelota en la zona de seguridad.

Un nombre que no puede quedar fuera en la selección de los récords ofensivos más espectaculares es el del santiaguero Alexei Bell quien rompió en la Serie de 2008 múltiples marcas. El jardinero oriental tuvo la temporada más impresionante de todos los tiempos y sus números lo corroboran: 31 cuadrangulares con 111 carreras impulsadas, en 90 juegos. Nunca antes un jugador había compilado cifras tan elevadas, ni siquiera con el bate de aluminio.

Otros dos santiagueros con un lugar en la Guía son Evenecer Godínez y Fausto Álvarez. Ellos brillaron a finales de los ochenta y durante los noventa y aunque su físico era completamente diferente, ambos comparten un récord muy interesante: impulsaron siete carreras en un solo inning. Igualar o romper este récord sería una acción muy complicada, sobre todo porque se requeriría no solo del esfuerzo del pelotero, sino también del equipo. Godínez lo logró en 1996, contra Granma, en la primera Copa Revolución; mientras Fausto lo consiguió ante Matanzas, en la Serie de 2002.

Ni Evenecer ni Fausto pudieron acercarse a las 12 carreras impulsadas en un partido, una cifra que consiguió Fernando Hernández, con el equipo Forestales, el 25 de diciembre de 1988, durante la vigésimo octava Serie.

¿Seguirán imponiéndose récords en la pelota cubana? Es una pregunta sin una respuesta definitiva. Quizás algunos pensaron que con la introducción del bate de madera las marcas conseguidas con aluminio permanecerían por siempre en los libros. Se equivocaron. Temporadas cada vez más largas, pelotas más vivas, junto a un notable desnivel entre bateadores y lanzadores han propiciado que cada año algún nuevo pelotero asombre a los fanáticos y especialistas y coloque su nombre al lado de otros jugadores inolvidables.

Publicado en Habana Radio

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micolumnadeportiva

About micolumnadeportiva

Soy periodista y profesor de Periodismo Hipermedia en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana